Categoría: Más allá de un cuerpo físico

  • La Fuerza de la Fe

    Estos días comencé a entender la fe de una manera más profunda, como un depósito completo de rendición ante ese ser espiritual que yo llamo Dios. Lo entendí desde un lugar mucho más profundo que lo que había experimentado en mi vida hasta ahora. Comencé a tener muchísimas dudas sobre lo que va a pasar en mi vida, pensamientos acerca del futuro que me llenaron de ansiedad por querer controlar lo que sucederá o encontrar respuestas. Entré en ese estado de incertidumbre, y al darme cuenta de lo que estaba ocurriendo, recurrí a mis herramientas espirituales para lograr estabilizarme y volver a mi paz, a mis cuatro cuerpos. Cuando lo logré, empecé a abrirme a esas señales espirituales que constantemente nos llegan, pero que, si no estamos atentos, pasan desapercibidas.

    Creo que, como seres humanos en este plano terrenal, de repente vivimos una vida demasiado acelerada, tratando de cumplir con todas las exigencias que nos impone el día a día, y nos olvidamos de lo que realmente importa. Nos llenamos de preocupaciones que a menudo son poco trascendentales, pero que nos hacen perder el foco en lo que realmente tiene valor. Estas preocupaciones nos hacen centrarnos en lo inmediato, nos llenan de dudas y miedos, y deseamos que lo que nos ilusiona llegue rápidamente, actuando muchas veces en piloto automático.

    Sin embargo, cuando realmente nos detenemos y tomamos un momento para reflexionar, comenzamos a entender que estar aquí, vivir todo lo que vivimos, incluso las cosas rutinarias, es un regalo. Y en ese momento, comenzamos a vivir más desde nuestra esencia divina, sin importar las demandas del día a día. Al hacerlo, nos conectamos con ese ser espiritual en el que creemos, y comenzamos a recibir señales claras y evidentes sobre las preguntas que tenemos en nuestra vida.

    Recientemente, me invadieron muchas dudas, pero cuando me di cuenta de lo que estaba pasando y me conecté nuevamente con mi interior, empecé a descubrir muchas señales en mi día a día que me decían, de manera sutil pero clara, que era Dios guiándome. Fue en esas señales que pude encontrar la verdadera rendición ante los planes que Él tiene para mí. Y en ese proceso, logré soltar el control absoluto de todo lo que ocurre en mi vida, dejando que su voluntad se cumpla, porque sé con certeza que será lo mejor para mí y para quienes me rodean.

    Este es el momento en el que toda esa fe cobra verdadero sentido. Porque cuando realmente confías en la vida, cuando realmente dejas fluir las cosas, todo comienza a sentirse menos forzado. Y entonces, lo que tiene que pasar, pasa. Y todo se coloca en su lugar sin tanto esfuerzo. En esos momentos, nos damos cuenta de que la verdadera paz se encuentra cuando dejamos ir el control y confiamos plenamente en el proceso.

    Así que, tengamos más fe y controlemos menos. La vida tiene su propio ritmo, y cuando aprendemos a seguirlo, todo fluye con mucha más suavidad.

  • Calma en Medio del Caos

    Experimentar que todos los procesos de tu vida llegan para hacerte evolucionar y crecer es una de las lecciones más profundas que puedes aprender. Y es que, por más que tengas un ejército de seres queridos apoyándote, hay momentos en los que nadie puede vivir lo que estás experimentando contigo. Entender esta individualidad humana es clave, porque nos lleva a enfrentar nuestras experiencias en solitario, aunque a menudo, lo hagamos en medio del caos, tratando de controlar todo para sentir algo de seguridad en aquello que nos produce un gran miedo.

    Pero está en tus manos decidir cómo vivir la situación. Puedes elegir enfrentarte a ella de manera agitada, pasándola realmente mal, sufriendo el momento y actuando de manera similar a un insecto como el mayate, que busca la luz sin un plan definido. Así, sin una estrategia clara, se golpea contra la pared una y otra vez, sin lograr avanzar, lastimándose en el proceso. Luego, se levanta, busca nuevamente la luz, pero vuelve a caer en el mismo patrón, sin saber cómo llegar realmente a ella, hasta que finalmente se agota.

    Sin embargo, existe otra opción: puedes abrirte a la situación que está llegando a tu vida y decidir vivirla de manera diferente. Puedes darte la calma que necesitas para atravesarla en paz, identificando tus pensamientos y comprendiendo de dónde provienen. Al validar cada uno de esos pensamientos, podrás transmutarlos en amor, logrando así esa calma que solo tú puedes otorgarte.

    Cuando lo logras, te conviertes en algo parecido a una abeja, que sabe exactamente cuál es su objetivo: llegar a la flor para encontrar el polen. La abeja, con su estrategia clara, vuela hacia ella, recoge lo que necesita y luego se dirige a otra flor, completando su ciclo en el ecosistema de manera perfecta. De la misma forma, tú como ser humano crearás ese ciclo en tu vida. Por momentos, llegará el caos, y quizás no verás flores a tu alrededor, pero al abrirte a la situación con calma, aparecerá el objetivo que necesitas alcanzar.

    Vivirás todos los procesos desde la comprensión de que son ciclos. Habrá momentos difíciles que te sacarán de tu paz interior y te llenarán de angustia. Pero lo importante es que, en esos momentos, serás capaz de darte la calma necesaria para afrontarlos, y cuando lo logres, aprenderás y el ciclo se completará. Algo diferente llegará, porque habrás aprendido a controlar la situación, a encontrar la paz en medio de la tormenta, confiando en que todo pasa por una razón.

    Es en ese preciso momento, cuando decides darte a ti mismo la calma y confiar en el proceso, que todo empieza a fluir, y pronto estarás en un lugar y en un momento mucho más placentero para ti.

  • Encontrar Paz en Medio de la Tormenta

    ¿Y si te dijera que lo único que necesitas es rendirte con conciencia, aceptando que todo lo que está ocurriendo en este preciso instante en tu vida es exactamente lo que tiene que pasar, y que nada podría haber sido diferente? Solo esa aceptación podría traerte una paz inmensa.

    Muchas veces, cuando enfrentamos un momento difícil, la mente comienza a cuestionarse: ¿Por qué a mí? ¿Qué pude haber hecho diferente? ¿Cómo puedo evitar que esto siga pasando? Pero la realidad es que ese momento ya llegó, está aquí. Por más que desees huir o deshacerlo, no puedes. Hay circunstancias en la vida que simplemente no permiten evasión; están frente a ti porque necesitas enfrentarlas, aunque cada parte de tu ser quiera buscar culpables o escapar a un lugar donde no tengas que sentir.

    Es entonces cuando la ansiedad y la incertidumbre pueden invadirte. Te preocupas por lo que vendrá, por lo que está sucediendo en este preciso instante, porque sientes que te estás saliendo de tu zona de confort. La vida que conocías parece esfumarse por un momento. Y ahí, justo en ese punto, tienes que tomar una decisión.

    No puedes escapar, no puedes cambiar lo que ha sucedido, pero sí puedes decidir cómo vas a vivir lo que la vida te ha puesto enfrente. Estoy segura de que, aunque no lo parezca, la vida te ha estado preparando durante mucho tiempo. Tienes herramientas a tu alrededor, herramientas que quizás aún no has reconocido del todo, pero que están ahí, listas para acompañarte en este proceso.

    Vivir de la mejor manera no significa que no dolerá, que no sentirás miedo o desesperación. Significa que puedes elegir atravesar ese dolor desde un lugar distinto: desde la paz interior. Esa paz no llega negando lo que sientes, sino permitiéndote sentirlo sin juzgarte, confiando en que cada experiencia trae consigo una enseñanza.

    Para encontrar esa paz, primero necesitas liberarte de la culpa que a veces te impones por tus miedos, o del pavor que surge al pensar en el futuro. Solo cuando logres frenar esos pensamientos y anclarte en el aquí y el ahora, podrás conectar verdaderamente con lo que está ocurriendo. Y en ese estado de presencia y aceptación, descubrirás que incluso las experiencias más desafiantes llegan para enseñarte y traerte regalos inesperados.

    Confía. Lo que sea que hoy haya llegado a tu vida tiene un propósito. Ríndete a ese propósito con conciencia, y verás cómo la paz comienza a florecer en medio de la tormenta.

  • Confía en el Camino

    Vengo llegando de uno de los viajes más increíbles que he tenido en mi vida porque me fui con mi familia a perderme en la naturaleza, a un parque nacional, donde encontré esa caricia que necesitaba mi alma. Esa conexión con la vida natural que, cuando la tocas, te sostiene y te recuerda que, pase lo que pase, todo va a estar bien. Hay una grandeza inmensa en la naturaleza, y cuando te permites contemplarla, comprendes que el plan divino de cada uno de nosotros va mucho más allá de lo que podemos ver a simple vista o de las preocupaciones del día a día.

    La vida es como si estuviéramos en un desierto. Por momentos, el camino se vuelve seco y rudo, y la sensación de no poder esperar nada mejor que lo que tenemos frente a nosotros nos invade. En ese instante, nos enojamos por sentirnos incómodos, asustados y sin las certezas que nos dan seguridad. Es como estar sin comida ni agua en medio del desierto. Pero entonces, seguimos caminando. Con cada paso, el aire llena nuestros pulmones, oxigenamos nuestro cuerpo y, poco a poco, aparecen pensamientos más esperanzadores. Comenzamos a creer que tal vez, solo tal vez, algo mejor nos espera más adelante.

    Y de pronto, a lo lejos, aparecen montañas. Al verlas, nace en nosotros la fe y el deseo de alcanzarlas, convencidos de que serán mejores que el desierto por el que estamos atravesando. La esperanza crece con cada paso. Sin embargo, el ascenso es desafiante. Después de días bajo condiciones extremas y sin un solo rastro de sombra, sentimos que ya no podemos más. Pero seguimos. Y, conforme subimos la montaña, el aire fresco acaricia nuestro rostro, la vegetación se vuelve más verde y la vida comienza a brotar a nuestro alrededor. Ya no estamos en ese paisaje gris y árido; todo se está transformando con colores cálidos y vibrantes.

    Y entonces, al llegar a la cima, lo vemos: agua, frutos, animales. Vida. Comprendemos que ese desierto que parecía interminable fue solo una parte del viaje, una prueba que nos enseñó a confiar. Porque incluso cuando no podíamos ver lo que nos esperaba al otro lado, algo maravilloso nos aguardaba. Ahora, la felicidad de haber cruzado ese desierto y subido la montaña nos llena por completo. Desde lo más alto, la vista es impresionante, y lo que alguna vez fue sufrimiento hoy se siente como crecimiento. Sabemos que cada paso valió la pena.

    Así es la vida. A veces nos sentimos atrapados en el desierto, sin saber por dónde salir. Pero tarde o temprano, todo empieza a clarificarse, a cobrar sentido. Y cuando eso sucede, una felicidad inmensa nos invade, porque entendemos que cada desafío nos fortaleció y nos hizo aprender.

    Así que, si en este momento te sientes como si estuvieras en medio de un desierto o escalando una montaña, ten fe. Recuerda que, del otro lado, seguramente te espera ese río que traerá frescura y vida. Solo confía.

  • Sanando a Través de la Conciencia

    Durante todo mi proceso, he decidido dejar en manos del universo las señales que me indiquen qué aspectos de mi vida debo trabajar en cada momento que estoy viviendo. En este instante, a solo días de mi segunda quimioterapia, tomé la decisión de trabajar con una terapeuta especializada en biodescodificación del cuerpo. Quería comprender el mensaje emocional que mi cuerpo me estaba enviando y, desde ahí, sanar y trabajar en la parte del alma. A través de la constelación, comenzaría a interpretar el significado de esa lectura corporal para encontrar las raíces emocionales de mi enfermedad.

    Si nunca han experimentado este tipo de terapia, se los recomiendo profundamente. Proporciona herramientas poderosas para sanar aquellas heridas inconscientes que se reflejan en el cuerpo físico. Este fue mi primer paso para comprender el significado de los tumores en mi cuerpo, identificar su origen y así poder trabajar en su sanación.

    Mi terapeuta realizó una lectura corporal y esto fue lo que descubrimos: tenía un tumor en el pecho izquierdo a la altura de las diez de la mañana, lo que simboliza la represión de sentimientos hacia mi padre para evitar generar conflictos. También presentaba dos tumores en el hígado, que indicaban un resentimiento aprendido de hace mucho tiempo, heredado de mi padre hacia mis abuelos paternos, además de enojo contra mi padre. El cáncer en mi vida era una muestra de lealtad hacia él, quien falleció de cáncer. De alguna forma, mi inconsciente me decía que debía seguir su destino para demostrarle mi amor. Finalmente, tenía un tumor en el hombro izquierdo, relacionado con el momento en que mi padre enfermó. En ese instante, asumí el rol de protectora de mi madre, cargando emocionalmente con su sufrimiento.

    Con esta interpretación clara, pasamos a la constelación. Cuando Silvia me explicó el significado de mis tumores, me llené de enojo. Me parecía absurdo que, después de haber trabajado durante toda mi vida la relación con mi padre y su enfermedad, el cáncer en mi cuerpo aún estuviera ligado a él. Sin embargo, con el tiempo, todo comenzó a hacer sentido. Durante los procesos difíciles, nos cuesta tener perspectiva y asumir nuestra responsabilidad en lo que nos ocurre. Pero la sanación implica entender, aceptar y responsabilizarnos de lo que nos corresponde para así trabajar en la armonización de nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra alma.

  • El Poder de la Conciencia y la Fe en Ti Mismo

    Cada persona es diferente, única e irrepetible, porque todos fuimos criados por padres distintos, con experiencias y percepciones propias. Esto significa que, aunque un hijo se parezca a su padre en carácter, sigue siendo un individuo con una historia y un entorno distintos.

    Lo mismo ocurre con los comentarios y opiniones ajenos. La mayoría de las veces, quienes los dan lo hacen desde un lugar puro, creyendo que es lo mejor. Sin embargo, a través de mi experiencia, he aprendido que, cuando alguien atraviesa una situación difícil, lo más valioso no es ofrecer consejos o compartir historias similares, sino brindarle apoyo incondicional, escucharla y recordarle que es capaz de superar cualquier desafío.

    Cada persona vive los procesos de manera única, incluso si llevan el mismo nombre. Es por eso que difiero un poco de los grupos de apoyo para el cáncer de mama. Aunque hay mujeres maravillosas en estos espacios, muchas conversaciones giran en torno a la enfermedad, los tratamientos y el enojo hacia la situación, lo que, en mi caso, no me ayudó. No critico a quienes encuentran consuelo en estos grupos, pero creo que no siempre son la mejor opción. Cada cuerpo responde de manera diferente a los tratamientos, influenciado por factores como la alimentación, el ejercicio, la mentalidad y el enfoque ante la enfermedad.

    Es fundamental recordar esto: aunque tu amiga y tú estén pasando por el mismo proceso, el resultado nunca será idéntico porque son personas distintas. La actitud, la forma de pensar y el nivel de conciencia influyen enormemente en la experiencia de cada quien. La ciencia y los estudios actuales confirman que la mentalidad puede cambiar el curso de un proceso.

    Si comprendes y aplicas este concepto cuando el miedo te invada por algo que le ocurrió a otra persona en una situación similar, estarás controlando ese miedo en lugar de dejar que él te controle a ti. No sirve de nada perder la paz por algo que le pasó a alguien más. Nadie tiene la verdad absoluta ni sabe qué pasará en el futuro porque ese futuro aún no existe.

    Cuando logras frenar tu mente y centrarte en el presente, estás creando la realidad hermosa que deseas para el futuro. Confía plenamente en ti y en que estás haciendo lo mejor que puedes. Si sientes que hay algo más por hacer, hazlo. No te quedes con las ganas. Cada acción que tomes con fe en tu sanacion fortalece tu cuerpo físico y emocional.

    La herramienta más poderosa que tienes es la fe en ti misma. Así es como transformarás tu proceso en un acto de sanacion no solo para ti, sino para las generaciones que vienen después. Lo que sanas hoy, impide que se repita en quienes vienen detrás de ti.

    Cuando reconoces lo que necesitas trabajar, lo honras y lo liberas, permites que fluya y se sane. De este modo, en lugar de dejar traumas a quienes te rodean, les dejas regalos de aprendizaje y crecimiento.

    Cualquier proceso difícil que vivas llega para purificar tu alma y hacerte una mejor persona. Es el camino a través del cual aprenderás lo que viniste a aprender en este mundo. Si lo vives desde el amor, los regalos que dejarás a tu alrededor serán infinitos, y la experiencia será solo una parte más de tu vida.

    En estos momentos, tú eres el sol de un sistema solar: la forma en la que vivas tu proceso irradiará luz a quienes te rodean, permitiéndoles recibir aprendizajes a través de ti.

  • El Valor de las Conexiones y de Mi Propio Cuerpo

    Antes de enfrentar esta enfermedad, solía pensar que no necesitaba un círculo social amplio, que con mi familia tenía todo lo necesario. Creía que podía encerrarme en ese mundo sin buscar conexiones más allá.

    Hoy, sin embargo, tuve un momento significativo al compartir un café con un grupo nuevo de amigas. Ha pasado un año desde que llegué aquí, y gracias a Sebas y Ana tuve la oportunidad de conocerlas. Mientras conversábamos esta mañana, me di cuenta de lo mucho que ha cambiado mi percepción sobre la importancia de la convivencia. Cada día me siento más cómoda con ellas, más parte del grupo, y eso me motiva a seguir participando en más actividades. Aprecio profundamente el apoyo y la alegría que han traído a mi vida en este proceso. Es un recordatorio de lo valioso que es contar con una red social donde pueda ser yo misma, con mi propia identidad y espacio personal.

    Antes, no le daba la suficiente importancia a lo que el aspecto social podía aportarme, pero hoy soy más consciente de lo positivo que es tener un grupo al cual pertenecer. Reír, compartir, vivir con más ligereza… Todo eso ha traído bienestar a mi vida.

    Además, noté algo interesante: el simple hecho de salir con ellas me ayudó a calmar la ansiedad que últimamente me llevaba a comer de manera descontrolada. No quiero volver a subir de peso después de todo el esfuerzo que me costó bajarlo, tanto en términos de dedicación como de inversión. Sé que muchas veces como por ansiedad, pero aún no he encontrado una forma efectiva de manejar esa sensación sin recurrir a la comida. Es frustrante darme cuenta de que, aunque sé que no es lo mejor para mi cuerpo, a veces es difícil evitarlo. Me cuestiono por qué actúo así, sabiendo que no me hace bien.

    Ahora que he alcanzado un peso en el que me siento bien, en el que mi ropa me queda cómoda y me siento segura, me encuentro con otro dilema: sigo sin estar completamente satisfecha. Antes me incomodaba el sobrepeso, ahora me afecta mi apariencia sin cabello. Y eso me hace reflexionar sobre cómo, muchas veces, nunca estamos realmente conformes con lo que vemos en el espejo. Me gustaría haber valorado más mi cuerpo cuando estaba completo, cuando mi única preocupación era el peso y no otras circunstancias fuera de mi control.

    Este proceso me ha enseñado que el bienestar no solo depende del cuerpo, sino también de la mente y el entorno. Sé que necesito cuidar de mí misma, hacer ejercicio, rodearme de amor y recordar que merezco sentirme bien, con o sin cabello. Tal vez, la clave esté en aceptar cada etapa con gratitud y aprender a ver la belleza en todas sus formas.

  • Conversaciones con la muerte

    Y porque no hacer las paces con la muerte; con ese hecho que que nos da tanto miedo por vivir en el apego hacia nuestros seres queridos. Al final, nosotros sabemos en nuestro interior que si hoy es el día en que me muero; mis hijos y mi esposo van a estar mal un rato. Luego se van a adaptar, agarrarán herramientas poderosas de todo esto y aprenderán a vivir con su realidad. Si logramos sanar esa relación de miedo con muerte será una liberación absoluta; porque si te quedas en el plano terrenal tu poder va a ser infinito y si te vas estarás liberado porque habrás vivido hasta el ultimo minuto con amor sin miedo. Por eso, en culturas orientales cuando alguien se muere hacen una celebración de alegría porque la persona está volviendo a casa. Ellos tienen una visión de la muerte y la vida como entes iguales, no está separada una cosa de la otra. Y al vivir con esta idea se liberan de esa separación con los seres queridos.

    Si la vida te está mandando cáncer, una muerte, un problema financiero, una pareja mentirosa, un divorcio o un accidente; el tema principal no es ese. Lo que tienes que trabajar es de dónde viene eso y cómo lo has llamado a tu vida para de ahí sanarlo y construir algo diferente a partir de ese aprendizaje. Porque por eso nos están mandando ese proceso, para aprender algo y entonces sanar nuestro cuerpo físico y nuestra vida. Yo actualmente no peleo contra el cáncer, trabajo conmigo misma para sanar lo que me toca y entonces sanar el cuerpo y construir algo bonito para mí.

    Trabajo mi relación con la muerte tanto, para que cuando mis hijos me pidan hablar con ellos sobre este tema pueda comunicarlo sin miedo. Por ejemplo, el otro día mi hijo de 10 años me preguntó: ¿Mamá, tienes miedo? Y yo contesté, «sí amor, porque de pronto lo que dice la gente y los porcentajes de esta enfermedad me aterran, pero sé que debo de estar tranquila y confiar en el proceso y me calmo con mis herramientas. Sé que todo va a estar bien porque confío en que pase lo que pase va a ser lo mejor para mi».

    Sé que con mis pensamientos estoy transformando lo que está pasando en mi cuerpo y en mi mente y de esta forma estoy sanando.

    En la vida vinimos a trabajar tanto en lo bueno que nos pasa, como en lo malo y se trata de enseñarle a nuestros seres queridos que sea cual sea lo que les mande la vida pueden vivirlo sin miedo, desde el amor y confiar. En el momento en el que comparto esta vivencia con mi gente de alrededor, se hace divino y encuentro los regalos que este proceso vino a darme. Es entender que desde antes de llegar a esta tierra hice un acuerdo álmico en donde acorde que me iba a dar cáncer para aprender y sanar todo lo que necesitaba mi cuerpo físico, para así trascender en el amor y romper con viejos patrones del cáncer.

    Es verdad que cuando estamos a la mitad del proceso nos da ansiedad cuando pensamos en lo que va a pasar. Pero si tú logras hacer el ejercicio de meditar y de visualizar a diario exactamente la vida que quieres tener, entonces en ese momento la estás creando y estás frenando esos pensamientos desastrosos que no te llevan a nada bueno ni a nivel físico, ni a nivel emocional.

    Desde que me enteré que tenía un tumor en mi pecho derecho, empecé a trabajar la relación a diario con mi tumor. Le puse nombre y cuando estaba sola conmigo y mi cabeza muchas veces hable con él; y le agradezco y bendigo por llegar a enseñarme, pero le digo que pronto se va a ir y no va a regresar. Mi tumor de cáncer se llama: pinche negro culero, y es porque me lo imagino como una bola de pelos, negra, llena de pequeñas bolas de granos, que juntas forman una figura como redonda horrible. Lo visualizo en mis meditaciones y veo como las células buenas, llenas de amor, van cubriéndolo y cobijándolo y así solito se empieza a convertir en cada vez más pequeño hasta que va a desaparecer. Tengo la certeza absoluta que estas quimios van a ayudar a desaparecer el tumor al 100% y que mis meditaciones ayudan para que esto así suceda. Porque creo firmemente en que todo en esta vida es un trabajo integral en donde deben de mezclarse diferentes cosas para así llegar a la sanación. Y considero que la base principal de todo es poder sanar y aprender a amarte tan profundamente que sientas que mereces amor y respeto y desde ahí trabajar tus heridas. Para no dejarle toda la responsabilidad al doctor de lo que él tiene que hacer con la medicina; sino respetar que cada quien tiene su parte y el conjunto de todo es lo que logrará el objetivo. Todos los días desde que me enteré de mi cáncer de pecho, hablaba con «el pinche negro culero» y le agradecía por haber llegado, pero a la vez le digo que muy pronto se va a ir. Visualizo en la regadera como el agua purifica mi cuerpo y se va llevando todas las células enfermas que pueda tener en mi cuerpo. Y en mi meditación de la noche, me narro en mi voz interior: «En este momento elimino toda la enfermedad que hay en mí, asegurando que me encuentro en salud completa y divina. Mis células están radiantes y llenas de amor y luz.» Estoy trabajando para crear la realidad que quiero.

  • «Redescubriendo el Amor y la Plenitud a Través de la Gratitud»

    Antes de todo mi proceso sentía una prisa en todo lo que hacía. Como si tuviera que hacer las cosas rápido para cumplir con lo que había que hacer y pudiera llegar a los momentos que yo escogía que hacer. Y cuando por fin llegaba a esos momentos no me sentía plena con lo que estaba dando a mis hijos y no gozaba. Entonces me enojaba, le echaba inconscientemente la culpa a ellos porque no me respetaban en mi tiempo. Hoy me doy cuenta de que cuando tengo mi tiempo en donde hago ejercicio, trabajo, meditación, rezo, mi libro, escribir o pintar, llego desde otro lugar con mi familia. Como si al no sacrificarme por ellos me hiciera estar en tiempo de calidad con ellos. Como si estuviera consciente de que al tener esos momentos mi alma sana y se siente escuchada y entonces todo lo que entrego después lo hago desde la gratitud y entrega absoluta de amor a mi familia.

    Antes de mi proceso me autoexigía mucho, quehaceres diarios para cumplir mis expectativas de buena mamá, buena esposa, amiga, hermana, etc. Y esa exigencia me hacía sentir cansada porque tenía que cumplir siempre con esas creencias para que mi vida tuviera valor y fuera aceptada por mi mamá.

    Hoy me doy cuenta de que no generar expectativas de la gente, de los lugares, de cómo se comporta alguien y respetar y honrar los procesos me hace sentir más libre de culpas. Antes sentía que todo dependía de mí con mis hijos, con mi esposo, y hoy siento que los solté; me siento más libre y más plena en mi actuar. Creo que actualmente dejo fluir más por el día a día y solté el control que tenía de los procesos o lo que según yo debía pasar. Me doy cuenta de que nada depende de mí. Que si yo quiero producir un cambio en mi esposo o en mis hijos, debo empezar por mí. Porque ese cambio o trabajo personal en mí genera una reacción en ellos que lleva a mover ese reaccionar que no me gusta que tengan.

    Me doy cuenta de que vivo los momentos más intensamente, con amor y desde la gratitud de poder vivirlos. Me doy cuenta de que al saber que podría no tenerlos y no estar aquí; vivo y disfruto más cada beso, cada abrazo, cada risa o cada momento con mi familia y amigos. Dejé de estar pensando en cuándo va a acabar el momento. Dejo de enfocarme en lo que tengo que hacer después y me meto más al que estoy viviendo y quiero disfrutarlo con todos los poros de mi piel.

    Hoy creo que mi conexión con mi poder interno, la capacidad de afirmación y de crear lo que creo es real y la veo. La veo en mí y sé que crea mi realidad. Así vivo honrando mi cuerpo porque es mi templo en esta vida terrenal. Vivo cuidandolo  con movimiento, con afirmaciones positivas para que se sienta amado y valorado. Hoy sé que en ningún momento estoy sola. Me tengo a mi yo adulta de 37 años que me contiene en todas mis heridas de infancia en donde me he sentido abandonada, no amada o no vista. Hoy me doy cuenta de que mi proceso en esta vida es sanarme para aprender y purificar mi cuerpo. Que el vivir en el amor y desde el amor me deja gozar la vida y sentirme amada y en paz. Que Dios me llena de luz y está conmigo dentro de mí en cada instante. Que la madre tierra está a mi disposición siempre para poder cambiar mi sentido de ánimo y darme paz. Hoy gozo la vida porque sé que esto es un viaje y venimos a disfrutar, aprender y amar. Hoy me doy cuenta de que el honrar el amor de mi esposo y enfocarme en lo que realmente vale es lo que me lleva a amarlo más. Que nunca olvidaré su amor, su lealtad y su entrega en estos momentos vulnerables de mi vida. Que cuando aparezcan pensamientos en mí negativos sobre algo que no me gusta de él, lo mejor es decírselo para modificarlos juntos y poder llenar mis pensamientos con afirmaciones sobre lo positivo y poder llenarme de amor hacia él y así acercarnos en vez de separarnos. Hoy vivo la vida y los momentos desde el agradecimiento y cuando algo me empieza a incomodar, sobre todo con mi familia, entonces me acuerdo de vivirlo desde ahí y modifico esos pensamientos de incomodidad por otros de gratitud y agradecimiento con ellos.

    Hoy, gracias a este proceso de sanación que se llama para el mundo, cáncer de mama, veo que en mí tengo un poder infinito si modifico mis pensamientos porque eso crea sensaciones en mi cuerpo que hacen cambiar mi vida y mi situación. Hoy tengo consciente y veo claramente que tuve un proceso antes de este en carne propia donde no podía embarazarme de mi hija y que responsabilizándome de mis actos y mis pensamientos pude trabajar en mi mente para creer y visualizarme de mamá. Y lo logré, sin ningún medicamento como ya me decían los doctores que iba a necesitar. Yo solita trabajé y sané en mi interno y logré la realidad que quería. Ahora veo que esa fue mi prueba número uno en mi vida en donde puse en práctica el poder de mi interior. Hoy sé que tengo que confiar en mí, hacer mi trabajo interior y visualizarme sana para poder curar mis células. Tengo que mantener la calma y confiar en el proceso y atacar esta enfermedad desde mis cuatro cuerpos para poder mantenerme en mi centro y sanarme. Para así creerlo y entonces crearlo. Esto es solo un nuevo proceso que me tocó vivir y para aprender y vivir diferente.

  • Más allá de ser el centro de atención

    Cuando todo el mundo me ve por el proceso que estoy pasando, me siento vulnerable a que vean mis errores y eso me hace sentir insegura de que me juzguen o de que me critiquen. Cuando siento que la gente me ve, siento ganas de irme a un closet y esconderme ahí un rato porque no logro sentirme segura enfrente de toda esa gente. Y por otro lado, quiero ser amor y luz, y simplemente por ser eso, la gente te va a voltear a ver porque consigues brillar. Pero de pronto siento que cuando ya no tenga pelo por la quimio, la gente me va a voltear a ver como pobrecita y eso realmente me molesta. No me gusta percibir la energía de la gente cuando me ven débil o enferma. Es una energía muy densa que de pronto me hace hasta dudar de cómo estoy tomando yo esta enfermedad. Quiero lograr que la gente me siga viendo fuerte y fregona como me siento. Quiero ser la misma persona, no quiero permitir que la enfermedad defina lo que yo proyecto.

    No quiero que el que ellos me sientan diferente me haga empezar a cambiar mi mente de que estoy gravemente enferma. Con esta enfermedad que espanta a todo el mundo por las historias que la gente de su alrededor con cáncer ha vivido. Yo quiero seguir creyendo con todas mis fuerzas que soy una mujer sana, fuerte y con vida que está viviendo un proceso fuerte, una experiencia de amor divino en donde mi cuerpo me habló para sanar aquello que llevaba arrastrando más de veintiocho años en mí, desde la enfermedad de mi papá. Desde ese momento sentí una tristeza muy profunda.

    Recuerdo desde la prepa que me sentía todo el tiempo cansada y sentía ganas de dormir todo el día. Sentía que no podía causar más problemas de los que ya había en mi casa con el cáncer de mi papá, la falta de trabajo por la misma situación y los problemas financieros para mantener cuatro hijos. Por eso, en ese momento decidí que iba a guardar este sentir para no causar problemas en mi casa. Pero estoy consciente de que esa tristeza profunda que yo sentía, la llevo guardando en mi cuerpo durante muchísimos años.

    Esos sentimientos reprimidos me llevaron a enfocarme en resolver problemas y ayudar en mi casa en vez de reconocerlos, validarlos y sacarlos de mi cuerpo. Por el miedo de lastimar o dar más problemas a mis papás. Hoy entiendo que ese dolor acabó en enojo y resentimiento contra el actuar de mi papá porque «inconscientemente él lo generó con su enfermedad en mí». Y porque por más de que yo hiciera mi máximo esfuerzo, él seguía siendo un papá agresivo porque estaba enojado con la vida, por su enfermedad y su falta de trabajo; y esa postura me llenaba aún más de tristeza.

    Cuando aparece mi esposo, esa imagen de seguridad y protección que me conquistó por sus abrazos. Logré sentirme sostenida por el aspecto masculino que me hacía falta y no tenía en casa. Desde ese momento me sentí cobijada, amada y que sí valía la pena vivir. Hoy que conecto con toda esta historia, me doy cuenta de que tengo que sanar ese enojo contra mi papá y entender que no tenía las herramientas para poder vivir sus procesos desde el amor.

    Y conectaré con las imágenes de él siendo el papá amoroso, que me dio seguridad y protección durante mi niñez. Conectarme con ese papá que me enseñó a amar el mar, que me ayudó a aventarme a vivir nuevas experiencias y aventuras. Que era el más cariñoso, juguetón y orgulloso de su familia, que nos dio tantísimo amor durante muchísimos años antes de su enfermedad. Ese hombre que llenó mi vida con tantas alegrías, que hizo que tuviera el carácter que tengo. Que me enseñó que lo más bonito es ser auténtico, tener buena onda, tener amigos, reír, bailar, disfrutar los momentos y gozar cocinando. Ese hombre que me impulsó a dar lo mejor de mí en cada momento, que entrara con toda la fuerza en los deportes y que me lo reconocía y sentía su amor y orgullo cuando lo hacía.

    Hoy sé que desde el cielo, él está aquí a mi lado acompañándome en este proceso tan duro que me está tocando vivir. Hoy sé que desde el infinito él está bailando de orgullo de cómo estoy tomando todo esto y de cómo le estoy dando la vuelta a ese proceso que la vida me dio. Estoy segura de que me está mandando todo el amor, seguridad y luz para que yo me sienta bien emocionalmente. Porque realmente ese es mi papá. Ese ser amoroso que me enseñó a amarlo todo y vivir la vida con una sonrisa para todos.