
Nunca he entendido por qué dejamos que alguien más tenga tanto poder sobre nuestra vida. Crecemos creyendo que las respuestas siempre están afuera: en un médico, en un profesor, en alguien “más preparado” que nosotros. Y sí, claro que hay personas con conocimiento y experiencia que pueden guiarnos, pero hay una diferencia enorme entre escuchar una opinión… y entregarles por completo el control de nuestro destino.
Durante mucho tiempo viví así. Preguntándome qué iba a pasar, intentando encontrar certezas en todas partes, buscando que alguien me dijera que todo estaría bien. Hasta que entendí algo que me cambió profundamente: muchas veces las personas solo pueden hablarte desde lo que conocen hoy, desde lo que ha existido hasta ahora. Pero eso no significa que las cosas no puedan cambiar.
Nunca permitas que alguien te diga que algo es imposible solo porque todavía no ha sucedido.
Pienso mucho en esto desde el cáncer que atravesé. Recuerdo cómo el miedo puede apoderarse de tu mente cuando escuchas diagnósticos, estadísticas o escenarios inciertos. Y aunque respeto profundamente a los médicos y la ciencia, también entendí que no quería vivir mis días atrapada en la angustia de intentar controlar algo que estaba fuera de mis manos.
Entonces empecé a hacer algo distinto.
En lugar de preguntarme constantemente qué iba a pasar conmigo, empecé a enfocar mi energía en visualizar salud, vida y bienestar. Empecé a imaginarme sana. A agradecer mi cuerpo incluso en medio del miedo. A confiar en que existía algo más grande sosteniéndome aun cuando yo no podía entender el camino.
Porque ¿quién puede asegurar realmente lo que es posible y lo que no?
Hace algunos años muchas de las cosas que hoy vemos normales habrían parecido imposibles. Nuestros antepasados jamás habrían imaginado que hoy se crean vidas humanas en laboratorios, que existen tratamientos revolucionarios o que la medicina avanza todos los días a una velocidad impresionante. Entonces, ¿por qué decidir que algo no puede pasar solo porque hoy todavía no existe la respuesta?
Quizá justo cuando tú necesites esa cura, esa oportunidad o ese milagro, alguien estará descubriendo aquello que cambiará por completo la historia.
Y aun así, incluso con toda la tecnología y todos los avances del mundo, siempre habrá algo que seguirá siendo indispensable: la fe.
La fe es lo que cambia la manera en la que atravesamos los procesos difíciles. No necesariamente porque garantice un resultado específico, sino porque transforma completamente la experiencia de vivirlo. La fe te permite respirar cuando todo se tambalea. Te permite encontrar paz aun en la incertidumbre. Te recuerda que no tienes que vivir cada proceso desde el miedo.
Yo antes era extremadamente metódica. Necesitaba entenderlo todo, controlar todo, anticiparme a todo. Pero después de lo que viví entendí que muchas veces los momentos más dolorosos llegan para movernos del lugar donde estamos y convertirnos en quienes vinimos a ser.
Y aunque suene duro, algunos de los aprendizajes más profundos de esta vida nacen del dolor.
Nacen de esos momentos donde todo parece incierto. Donde la vida nos obliga a detenernos. Donde nuestra zona de confort desaparece y nos vemos obligados a mirar hacia dentro.
Hoy intento vivir distinto.
Intento agradecer más. Disfrutar más el presente. Dejar de obsesionarme con el “cómo” y el “cuándo”. Y en lugar de eso, enfocarme en crear la vida que sí quiero vivir.
Porque al final, quizá la verdadera paz no está en tener todas las respuestas… sino en confiar en que, pase lo que pase, siempre habrá algo más grande guiando el camino.
Deja un comentario