
Antes de enfrentar esta enfermedad, solía pensar que no necesitaba un círculo social amplio, que con mi familia tenía todo lo necesario. Creía que podía encerrarme en ese mundo sin buscar conexiones más allá.
Hoy, sin embargo, tuve un momento significativo al compartir un café con un grupo nuevo de amigas. Ha pasado un año desde que llegué aquí, y gracias a Sebas y Ana tuve la oportunidad de conocerlas. Mientras conversábamos esta mañana, me di cuenta de lo mucho que ha cambiado mi percepción sobre la importancia de la convivencia. Cada día me siento más cómoda con ellas, más parte del grupo, y eso me motiva a seguir participando en más actividades. Aprecio profundamente el apoyo y la alegría que han traído a mi vida en este proceso. Es un recordatorio de lo valioso que es contar con una red social donde pueda ser yo misma, con mi propia identidad y espacio personal.
Antes, no le daba la suficiente importancia a lo que el aspecto social podía aportarme, pero hoy soy más consciente de lo positivo que es tener un grupo al cual pertenecer. Reír, compartir, vivir con más ligereza… Todo eso ha traído bienestar a mi vida.
Además, noté algo interesante: el simple hecho de salir con ellas me ayudó a calmar la ansiedad que últimamente me llevaba a comer de manera descontrolada. No quiero volver a subir de peso después de todo el esfuerzo que me costó bajarlo, tanto en términos de dedicación como de inversión. Sé que muchas veces como por ansiedad, pero aún no he encontrado una forma efectiva de manejar esa sensación sin recurrir a la comida. Es frustrante darme cuenta de que, aunque sé que no es lo mejor para mi cuerpo, a veces es difícil evitarlo. Me cuestiono por qué actúo así, sabiendo que no me hace bien.
Ahora que he alcanzado un peso en el que me siento bien, en el que mi ropa me queda cómoda y me siento segura, me encuentro con otro dilema: sigo sin estar completamente satisfecha. Antes me incomodaba el sobrepeso, ahora me afecta mi apariencia sin cabello. Y eso me hace reflexionar sobre cómo, muchas veces, nunca estamos realmente conformes con lo que vemos en el espejo. Me gustaría haber valorado más mi cuerpo cuando estaba completo, cuando mi única preocupación era el peso y no otras circunstancias fuera de mi control.
Este proceso me ha enseñado que el bienestar no solo depende del cuerpo, sino también de la mente y el entorno. Sé que necesito cuidar de mí misma, hacer ejercicio, rodearme de amor y recordar que merezco sentirme bien, con o sin cabello. Tal vez, la clave esté en aceptar cada etapa con gratitud y aprender a ver la belleza en todas sus formas.
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